El relieve africano se
caracteriza por su horizontalidad debido a la presencia de vastas y onduladas
mesetas, desfiguradas por varias grandes cuencas fluviales y aisladas sierras.
A pesar de esta característica morfología, se diferencian diferentes unidades
del relieve en África.
Una primera unidad del
relieve son las amplias mesetas que se extienden por todo el continente, aunque
son más elevadas en la región meridional; explican su aspecto uniforme y su
elevada altitud media (750 m), y algunas albergan zonas áridas, como los
desiertos Sahara, Kalahari y Karroo. Entre las mayores altiplanicies se pueden
destacar las de regiones como Futa Yallon (muy escalonada) y Adamaua.
Una segunda unidad del
relieve son los sistemas montañosos, que salpican las mesetas: algunos se alzan
en los extremos del continente, como las cordilleras del Atlas, Ruwenzori y
Drakensberg; unos pocos macizos aislados de origen volcánico despuntan por el
centro del continente, como los de Ahaggar y Tibesti; en la parte oriental, la
más elevada, se encuentra el Gran Rift Valley y se localizan numerosos
volcanes, como el Kilimanjaro, el Kenia y el Elgon.
Debido a que el continente
africano no estuvo cubierto por el mar durante millones de años, los suelos se
han desarrollado independientemente, sobre todo a causa de alteraciones
meteorológicas. Pocos suelos se han beneficiado de la tierra transportada por
ríos o corrientes oceánicas. En su mayor parte, los suelos africanos sufren un drenaje
irregular y no presentan mantos acuíferos definidos. La mayoría son casi áridos
debido a la lixiviación mineral que producen las fuertes lluvias y a las altas
temperaturas. Los terrenos desérticos (aridisoles y entisoles), que contienen
poca materia orgánica, también comprenden grandes extensiones. Algunos de los
suelos más fértiles son los molisoles, también conocidos
como chernozems o tierras negras, en África oriental, y los alfisoles
y los podsoles en las zonas del sur y del oeste de África.
HIDROGRAFIA
DE ÁFRICA